Hace unos pocos días fue mi cumpleaños, pero resulta que cayó en mitad de semana, pero eso no importa, pues al fin de semana siguiente lo celebré con mis queridos amigos. Los invité a cenar en un restaurante, y después de ello la fiesta continuó en una discoteca cercana. Pero un amigo mio resultó que estaba algo resfriado y tras la cena se retiró a su casa a descansar, pero todos los demás nos fuimos a la discoteca, a bailar y tomar unas copas.
Después de varias horas de diversión los amigos se fueron retirando a descansar, yo acompañé a una amiga a su casa para que no fuese sola por las calles en la madrugada, además mi coche estaba estacionado muy cerca de su vivienda, aunque después de las copas que había bebido no era recomendable conducir.
No seas loco y no conduzcas esta noche, pueden multarte en algún control de alcoholemia o quizás tener un accidente, quedate a dormir aquí, me decía mi amiga. Tenía razón, pero no me agrada dormir fuera de casa, y tampoco quería molestar a nadie. Pero mi amiga insistió tanto y al final accedí, nunca he sido capaz de negarle nada.
Ella me acomodó para pasar lo que quedaba de noche en el sofá del salón, me prestó una manta para no pasar frío durante la noche, y antes de retirarse cuando yo ya estaba acostado en el sofá, ella se me acercó para darme un beso de buenas noches. Pero al verla acercarse, algo empezó a surgir en mí, era una chica preciosa, y no puedo negar que me atraía, siempre lo hizo, pero había algo que siempre me había frenado al intentar confesar lo que sentía por ella. Mi pulso se aceleró tanto que el corazón parecía querer saltar fuera del pecho, y cuando estuvo lo suficientemente cerca de mí, en vez de besarla en la mejilla la besé en los labios. Le pedí disculpas de inmediato por mi gesto, me sentía muy avergonzado, pero ella me sonrió y volvió a besarme, un beso húmedo y apasionado, su lengua y la mía jugaban en su boca y en la mía.
Mi mano subió acariciando su muslo y metiéndola por debajo de su minifalda llegué hasta su trasero, palpé y masajeé sus nalgas, y por debajo del tanga llegué hasta su vulva. La chica se mordía el labio inferior intentando no gritar por el placer recibido, soltó mi cinturón y desabrochó mis pantalones, y comenzó a mordisquear y lamer mi pene por encima de los calzoncillos. Mi polla palpitaba deseosa de salir de su prisión, de esa prisión de tela, quería ver la luz.

Ella se acomodó encima de mí colocando su entrepierna sobre mi rostro e inclinándose mi entrepierna quedaba al alcance de su boca. Apartó los calzoncillos liberando por fin mi pene y comenzó a lamerlo de arriba a abajo, masajeandome las pelotas, yo hice lo propio devorando su hermoso y sabroso coño, pero siempre acallando nuestros sonidos de placer. Comenzó a devorar mi pene con mayor rapidez y fuerza, mientras yo devoraba su clítoris e introduje tres de mis dedos en su coño masturbándole el interior de su vagina. Y de repente sus deliciosos jugos internos bañaron mi rostro y de inmediato mi polla estalló derramando su carga en su garganta.

Habíamos quedado satisfechos, pero me equivoqué, ella quería más, se tumbó y me pidió que la penetrara, coloquen la punta de mi pene en la entrada de su coño, y miré sus verdes ojos, dudando si hacerlo o no. Pero ella me cogió del culo y tiró de mí hacia ella, mi polla entró hasta lo más profundo de sus entrañas, ella lo deseaba y yo también lo estaba deseando, comencé a moverme y la velocidad de mis caderas comenzó a aumentar paulatinamente, hasta llegar a una velocidad vertiginosa, ella se tapaba la boca con sus manos, no estaba permitido hacer ruido. Después de unos minutos de tan lujuriosa danza sus jugos y mi semen se mezclaban en su interior a la vez que ella clavaba sus largas uñas, arañándome la espalda.
Tras unos momentos para recuperar el aliento ella se vistió y por los bordes de su tanga aun salía esa mezcla de su interior, después subió a la planta alta de la casa donde estaba su dormitorio.
Con el primer canto de los pájaros en la mañana, me desperté, no sé si lo ocurrido había sido real o tan solo una fantasía alimentada por el alcohol, salí de la casa en silencio sin hacer ruido, y al subir al coche noté molestias en la espalda, como si estuviera llena de arañazos.
¿Había hecho el amor con ella, o no? ¿Como iba a mirar a los ojos a mi amigo que se retiró resfriado después de la cena, si en verdad me había acostado con su esposa?