Hace una eternidad,,, cuando uno era muy joven,,, en esa edad en la que uno va más salido que el rabo de una sartén, hice un viaje de fin de curso a Palma de Mallorca con mis compañeros de estudios. Toda una semana alojados en un hotel de "El Arenal", pero disfrutando de la isla todos los días, de sus playas, museos, catedral, cuevas de Drack, el castillo de Bellver y recorriendo toda la isla. Había otras opciones para el viaje,,, pero todas esas opciones eran de mucho viaje en autobús,,, y cada noche dormir en una cuidad diferente. Pero a todos nos gustó este viaje, salíamos en autobús hasta Alicante y allí volábamos en avión hasta Mallorca, una semanita entera allí, y de regreso a Alicante y de allí de vuelta a casa.
Fue un fantástico viaje del que algunos disfrutemos más que otros... A los pocos días, llegaron al mismo hotel dos grupos de estudiantes, también de viaje de estudios unos venían de Barcelona y los otros de Móstoles (Madrid). No tardemos en tomar amistad con ambos grupos, ya que coincidíamos en el comedor, en la piscina y en la disco del hotel,,, pero sentía predilección por un grupo de chicas de Móstoles,,, especialmente por una de ellas.
Yo era muy cortado y tímido, pero un compañero con el que compartía habitación, no lo era tanto y él, digámoslo así, me ayudó a conocerlas más a fondo. Una noche quedemos con estas chicas en una de sus habitaciones para jugar a las cartas. "Bendita la idea de comprar una baraja de cartas en una pequeña tienda cerca del hotel. Jugando a las cartas no me faltaba el dinero para disfrutar de este viaje, aunque el bolsillo de algunos se vio afectado."
Para ir a la habitación, que estaba en la misma planta y pasillo que la nuestra, pero los pasillos estaban vigilados por un guardia de seguridad, nos tenían muy vigilados, mi compañero y yo tuvimos que salir por el balcón de la habitación, por suerte era la primera planta, que daba a la piscina, junto a la piscina estaba su terraza con tumbonas y mesas, cubiertas con una estructura para darles sombra, y subidos a esa estructura fuimos hasta el balcón de la habitación donde habíamos quedado.
Allí estuvimos jugando a las cartas y divirtiéndonos sin hacer mucho ruido, no podían descubrirnos. La chica que me gustaba era muy atrevida, diría que era unos años mayor que yo, y se sentó a mi lado, poniéndome muy nervioso con su cercanía, parece ser que ella se percató de lo nervioso que me ponía, y me pidió ir juntos a mi habitación para estar a solas. Su voz susurrada en mi oído me pareció tan erótica que hizo que me excitara al momento, no pude, ni quise negarme y volvimos a mi habitación por el mismo camino que usé con anterioridad.
Nada más llegar a la habitación ella me empujó sobre la cama y me tiró de los pantalones, uno de esos pantalones cortos con muchos bolsillos, dejándome en calzoncillos. La chica miró mi entrepierna, ya algo abultada por la excitación, con una gran sonrisa, mientras se mordía el labio inferior.
- ¿Por qué yo, hay chicos más guapos? - le pregunté muy nervioso, incluso estaba temblando por culpa de mis nervios.
- Porque eres tímido y muy dulce, y desde el primer día te fijastes en mí, aunque no te atrevías a decir nada.- me respondió.- Me gusta como eres.

Ella tomó la iniciativa y me despojó de mi prenda interior, liberando mi pene que no dejaba de dar saltitos por tanta excitación, a lo que ella sonrió complacida, Me despojó de mi camiseta y acercándose a mí, me besó en los labios y bajó hasta mis pezones que lamió, chupó y mordisqueó, sentí tanto placer que me sentía enloquecer, cuanto tiempo esperando algo así, sacó un condón del bolsillo de sus short y lo liberó de su envoltorio, y apoderándose de mi miembro con una mano, deslizó el condón desde la punta hasta la base, lo que hizo que casi me corriera al sentir como sus manos tocaban mi polla. Se desnudó lentamente delante de mí, y al contemplar se cuerpo desnudo, mi instintos me decían que me tirara a por ella como una fiera sobre su presa, pero no lo hice, seguí contemplado su hermoso cuerpo, un cuerpo del que la misma Afrodita tendría celos.
Se acercó con movimientos sensuales, aumentando mi deseo, y se situó a horcajadas sobre mí. Sentía que ella era la fiera y yo su presa, pero una presa deseosa de ser devorada.

Lentamente, sin prisas, acercó su entrepierna hasta mi endurecida polla, que estaba a punto de estallar, colocó mi glande en la entrada de su cueva del placer, y poco a poco fue bajando hasta que todo mi pene se perdió en su vagina, se inclinó sobre mí y me besó apasionadamente, a continuación comenzó a levantar y a bajar su trasero, lentamente, su vagina apretaba mi polla, que sensación tan agradable y placentera, este placer me estaba volviendo loco. Acaricié su torso, su piel era muy suave, sus pequeños pero firmes pechos se balanceaban frente a mis ojos, y no pude evitar acariciarlos, apretarlos, pellizcarlos y alzando mi cabeza chupé esos dulces pezones, a la vez que ella tiraba de mi cabello sin dejar de gemir de placer. Comenzó a acelerar el ritmo de su danza del placer, cada ver más y más rápido, mis gemidos se mezclaban con los suyos, mientras seguía mordisqueando sus pezones, cada vez más duros. El ritmo se volvió frenético, llegué a pensar que la cama no soportaría nuestros movimientos, eramos dos seres dejándonos llevar por la pasión y la lujuria, hasta que ella comenzó a gritar cada vez más, no se cortaba con sus gritos de placer, tiró tan fuerte de mis cabellos que casi me arranca la cabellera, produciéndome incluso dolor. Ella llegó al climax corriéndose violentamente empapando mi entrepierna y las sabanas de la cama, a la vez que yo también me corría. Se dejó caer sobre mi pecho, mientras ambos recuperábamos el aliento, y unos minutos después ya recuperados se levantó sacando mi polla, que aun estaba introducida en sus entrañas, le quitó la funda elástica y limpió mi polla con su húmeda lengua.

Una vez realizada esta tarea volvió a ponerse toda su ropa y salió por el balcón para dirigirse a su habitación, no sin antes lanzarme un beso y desearme unos felices sueños.
A la mañana siguiente la busqué en el comedor del hotel, pero no la encontré. Su grupo habían dejado el hotel muy temprano, tenían que coger un barco, para que los llevase de nuevo a la península.
Muchos años después, cuando la vida me llevó hasta Madrid, fui a Móstoles, paseando por sus calles la busqué, pero como encontrarla, no tenía su teléfono, ni dirección, ni nada,,,, lo único que sabía de la chica con la que perdí mi virginidad, es que su nombre era "NURIA".